El Rayo Cósmico Iluminador

Sat Nam Jios,

Después de mucho tiempo sin escribir por aquí, este año he decidido volver a darle vida a este espacio de expresión y conexión, retomando uno de mis propósitos principales en la vida que es la comunicación. 

El post de hoy era algo que hacía mucho que quería escribirlo, pero no fue hasta que Siri Om Kaur de Valencia me lo pidió para incluirlo en la revista de AEKY ( Asociación Española de Kundalini Yoga) que no me animé a hacerlo.

Las palabras que siguen son un relato poético pero cierto de como empecé mi camino espiritual. Esta es la versión extendida y original del artículo que aparece en la revista oficial de AEKY. Desde lo más profundo de mi alma y de mi corazón, aquí tienes la historia de como Kundalini Yoga llegó mi vida y me cambió … ¡para mejor!  ❤

“Era una mañana luminosa de agosto en aquel mágico momento en que las golondrinas empiezan a revolotear y a cantar en el cielo, llenas de vida, despertando a todos en el vecindario.

Yo estaba sentada en la terraza de mis padres saboreando un rico cola-cao observando el ir y venir de estas hermosas aves veraniegas cuando, de repente, me atravesó el “rayo cósmico iluminador”.

El “rayo cósmico iluminador” es algo difícil de expresar, fue una experiencia que atravesó todo mi cuerpo y mi ser, desgarrándome desde adentro hasta explosionar en un gran abrazo de luz cósmica que me hizo comprender que yo, mi alma, el universo y todo lo que existe es eterno. Ese instante eterno, que aún no sé si duró un segundo o una hora, cambió mi vida para siempre.

Hasta entonces yo me dedicaba al mundo del cine y, aunque siempre había tenido inquietudes acerca de la vida, la espiritualidad, la mitología, etc. nunca había profundizado en esos temas más allá de lo que se solía estudiar en los colegios y universidades. Así que, como al principio no entendí lo que me acababa de suceder, lo primero que pensé fue que me había vuelto loca. Loca de remate.

Confieso que en esa época de mi vida las drogas estaban muy presentes, aunque nunca pensé que esa experiencia fuera causada por las drogas ya que había sido algo muy profundo y que venía del fondo de mi Ser.

La cuestión es que, fuera lo que fuera lo que me había sucedido, necesitaba hallar una respuesta.

Así que empecé por lo más cercano, la filosofía clásica greco-romana. La verdad es que tanto Aristóteles como Platón, entre otros, hablaron mucho sobre el alma, el espíritu, etc. pero ninguno de ellos hablaba exactamente de la experiencia que había vivido. Aunque reconozco que algunos de sus escritos me hicieron ver que no estaba tan loca como pensaba y me animaron a seguir investigando.

Ese mismo verano, mientras atravesaba una crisis existencial provocada obviamente también por esa experiencia, entre otros sucesos personales, un amigo me regaló un extracto del “Libro Tibetano de los Muertos”. Leyendo algunos de los bardos empecé a atisbar lo que podría haber sido mi experiencia, aunque todavía no encontraba las palabras exactas que la describieran.

Los días pasaban y aunque por un lado ese pequeño “despertar” ( que yo considero una colleja del universo para enderezarme…) me tenía con una sensación de paz y confianza interna profunda, por el otro mi vida se había vuelto una locura.

El peso de esa visión y la incapacidad de poder compartirla con otros por miedo a que me tildaran de demente, me hundieron todavía más en el consumo de alcohol, intentando evadirme de tan inmensas y abrumadoras verdades universales.

Pero por suerte, como he dicho, el Universo me había mandado un mensaje y no dejaría de insistir hasta remendarme.

Dicen que el alma llama tres veces a la puerta. La primera llamada fue muy clara, tanto que me hizo sospechar. La segunda llamada fue más sutil, pero por suerte estuve atenta y la cogí.

Esta segunda llamada ocurrió como otra “causalidad” de la vida.

Aún recuerdo ese día en que paseando por mi barrio vi un cartel con un enorme corazón publicitando un centro de yoga y ofreciendo una clase gratis de prueba. Algo dentro de mi se movió al ver la palabra Yoga. Aunque había oído hablar de ello y sentía curiosidad, nunca había encontrado el momento, pero esta vez me decidí a ir.

Y allí me tienes, medio nerviosa medio escéptica, preparada para la primera clase de Kundalini Yoga de mi vida.

Todavía recuerdo como me impactó esa mujer grande y decidida con su turbante blanco en la cabeza. La clase abarrotada de otras tantas mujeres, la mayoría de las cuales irradiaban seguridad y confianza. Pero no pude evitar que se me escaparan algunas risas entre dientes cuando todo ese grupo de mujeres empezó a cantar el Adi Mantra.

Confieso que por unos momentos me asusté y pensé que eso era una secta, aunque estoy segura de que más de uno/a pensó lo mismo en su primera clase…

Y luego todas esas posturas extrañas y la gente respirando tan fuerte que se salían los mocos por todos lados… ¡Me costó mucho aguantarme las carcajadas, de verdad!

Pero después de la meditación sucedió algo inesperado: mi mente estaba en silencio, mi cuerpo relajado y en mi corazón volví a percibir la paz que sentí el día de mi encuentro con el Rayo Cósmico… la magia había sucedido y desde entonces me enamoré de Kundalini Yoga…

Después de esa primera cita con la práctica, empecé a asistir diariamente a las clases y cada vez me sentía mejor conmigo misma y con el mundo. Allí empecé a entender que tenía que aprender a cuidar de mi cuerpo y de mi mente si quería ser feliz y estar en paz conmigo misma y también encontré a otras personas con las mismas inquietudes.

Al poco tiempo descubrí que existía la Sadhana, dulce, tierna y a la vez dura sadhana… Probé un día y me encantó recitar el Jaapji, era como si mi lengua ya hubiera pronunciado esas palabras antes… Entonces empecé a ir cada día a Sadhana por la mañana y a las clases por la tarde. Esa fue una de las mejores épocas de mi vida hasta ese momento.

Continué con mi práctica diaria y mi alma empezaba a pedir cambios fuertes cuando, después de una de las sadhanas, llegó la tercera llamada del alma.

Mientras desayunábamos todos juntos, mi maestra me preguntó si quería hacer la formación de profesores. Yo tenía muchas ganas pero solo hacía 3 meses que había empezado con el yoga, así que mi ego no se sentía preparado. Aún así Siri Gobind Kaur, a la que siempre estaré agradecida, me invitó a compartir la mañana en la formación sin compromiso, y como yo no tenía nada más que hacer, acepté su invitación. Divino es el Universo que nos pone en el lugar justo, en el momento adecuado…

Esa misma mañana empezaron la formación explicando el Mul Mantra. En el mismo momento en que iban explicando el significado de este hermoso mantra, las lágrimas empezaron a brotar de mis ojos, literalmente. Por fin encontré las palabras exactas que describían perfectamente mi experiencia con el rayo cósmico. Por fin entendí el porqué de todo lo sucedido durante ese verano y por fin ME SENTÍ EN CASA.

Obviamente me quedé el resto del fin de semana y continué la formación.

De esto hace ahora 10 años, y realmente es lo mejor que me ha pasado en la vida.

Gracias a Kundalini Yoga encontré mi centro, descubrí donde estaba la raíz de mis problemas y encontré la solución a estos problemas. Gracias a estas maravillosas enseñanzas mi brújula interior funciona perfectamente y sé que  ahora siempre encontraré el camino a casa, esté donde esté. Gracias a Yogi Bhajan y a todos los maestros y maestras de la Cadena Dorada que diariamente desafían los prejuicios de la sociedad y se atreven a compartir esta Tecnología Sagrada que nos permite revelar nuestro máximo potencial como seres humanos y darnos cuenta que no estamos solos, que Somos Uno con el Universo Infinito y que la Conciencia Suprema nos ha dado todo lo necesario para regresar al Origen.”

Que el Eterno Sol te Ilumine, el Amor te rodee y la Luz Pura Interior guíe tu camino

Sat Nam

Sat Sansar Kaur

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